RIOJANOS, UNA HISTORIA DE ROMANOS (TERCERA PARTE)

“El derecho es historia, todo ordenamiento jurídico de un pueblo tiene un origen histórico”.

Con esta frase, Friedrich Von Savigny, uno de los estudiosos del derecho más importantes que el siglo XIX ha dado, describía la importancia del derecho en la conformación de las identidades sociales a través de la historia.

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Funcion Judicial, sede del Tribunal Superior de Justicia de la provincia de La Rioja – Argentina.

La realidad es que el hombre siempre se ha dado un sistema de normas que aseguren un “orden” social. Es bien conocido por todos nosotros el famoso “ojo por ojo, diente por diente”, esta frase corresponde a uno de los pasajes del código del rey de Babilonia, Hammurabi, que gobernó en la Mesopotamia durante el siglo XVIII a.C.

 La importancia de este código radica en que es uno de los más antiguos sistemas normativos compilados.

Pero antes de que la “codificación” exista, el ser humano regulaba sus relaciones mediante otras herramientas “jurídicas”, como la costumbre por ejemplo.

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Estela donde se encuentra tallado el Código de Hammurabi. En la Parte Superior, el Rey Hammurabi recibe las leyes de las manos del dios Shamash. Museo del Louvre, París.

Volvamos ahora a las normas escritas. Decíamos que el código de Hammurabi es una de las codificaciones más antiguas, es decir que durante la antigüedad se fueron desarrollando sistemas jurídicos adaptados a las diversas realidades sociales.

En este sentido uno de los mayores aportes que tendrá Roma, no sólo para su época, sino como una de las grandes continuidades de esta cultura latina hasta nuestros días, será el derecho romano.

Es una realidad afirmar que el actual sistema jurídico (el derecho argentino en nuestro caso) tiene como antecedente al derecho romano. El origen del derecho nacional lo debemos buscar en las normas creadas por los romanos, obviamente sin negar las influencias posteriores.

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Procesión de la familia imperial acompañados de funcionarios y jurisconsultos. Frisos del Ara Pacis – Roma.

Pero, ¿Cómo llegamos desde el derecho romano hasta nuestro derecho?

Habíamos hablado sobre este concepto de romanización, es decir, el trasplante de la cultura latina hacia los territorios conquistados por Roma. Como dijimos también, esta influencia latina se estableció en la península ibérica y a toda la gente que allí vivía.

La romanización llegó a ser tan profunda  que Hispania (la actual España) fue un foco de creación de cultura latina. En territorio español nacieron grandes emperadores (Trajano, Adriano, Marco Aurelio y Teodosio) como así también filósofos y escritores como Séneca y Marcial.

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Mausoleo del emperador Adriano, actualmente Castel Sant´Angelo, a orillas del río Tíber, Roma.

Hasta el año 212 d.C., cuando por un decreto imperial del emperador Caracalla todos los habitantes del imperio pasaban a ser ciudadanos romanos, convivían en los territorios imperiales diferentes derechos de acuerdo a la categoría de las personas: el derecho propiamente romano (solamente usado por los que revestían la condición de ciudadanos), los derechos indígenas (ciertas normas de los pueblos conquistados, que regulaban las relaciones entre ellos) y el derecho de gentes (una especie de derecho internacional que regulaba las relaciones de los romanos con los que no lo eran).

Con la caída de la porción occidental del imperio y la ocupación de los (mal llamados) pueblos bárbaros, a diferencia de otras regiones, el derecho romano sobrevivió mediante la continuidad que los visigodos (el nuevo pueblo que se estableció en España) le dieron al mezclar sus costumbres y normas con las propiamente romanas.

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Lex Romana Visigothorum o Breviario de Alarico. Codificación legal realizada durante el reinado del visigodo Alarico II.

Mientras los visigodos en España se establecían y legislaban, en la capital de la porción oriental sobreviviente del imperio romano, la rica y poderosa Constantinopla, uno de los más grandes emperadores de la historia de Roma creaba el cuerpo de derecho codificado más avanzado de la época, el emperador se llamaba Justiniano y su creación el Corpus Iuris Civilis. Estamos ante el primer Código Civil de la historia.

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Corte del Emperador Justiniano (centro) entre los cuales se encuentra  el jurisconsulto Triboniano, compilador del Corpus Iuris Civilis. Mosaico de la iglesia de San Vital, Rávena – Italia.

Con la llegada de los musulmanes a la península ibérica, la derrota de los visigodos y la conformación de los reinos cristianos – que lucharán para “reconquistar” en nombre de Dios los territorios hispanos – el derecho visigodo (conformado a partir del derecho romano) fue fuente directa para la creación del derecho del reino más poderoso de la época, el castellano.

Durante toda la edad media, la creciente y poderosa iglesia católica marcará una fuerte impronta en la forma de legislar. Su derecho, el canónico, permitirá la pervivencia del derecho romano, su método y muchas de sus reglas, e influirá en las legislaciones creadas por los reyes cristianos.

Es en esta época donde surge otro de los grandes aportes de la cultura latina – que será tema de otra entrada – la universidad.

Es en estos ámbitos académicos donde crecerá notablemente  la creación de textos jurídicos (influidos por las normas romanas). Los alumnos que allí estudiaban podían recibir clases de derecho romano y derecho canónico.

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Imagen medieval de Alfonso X “El Sabio”, rey castellano  del siglo XIII.  Autor de las siete partidas, cuerpo jurídico que buscó la uniformidad de las leyes del reino. Su importancia fue tal que tuvo vigencia hasta el siglo XIX.

Finalizando el año 1492, España se encontraba reunificada bajo el dominio de los reyes católicos. El navegante genovés, Cristóbal Colón, financiado por la corona castellana,  emprende un largo viaje que terminaría cambiando la historia del mundo.

Al igual que el idioma y la urbanización, el derecho castellano, que ya carga con cientos de años de influencia latina, será la fuente directa de la cual se nutrirá un nuevo derecho surgido para regular las relaciones sociales de las nuevas colonias: el derecho indiano.

Los criollos que estudiaban en las universidades europeas o en las recientemente creadas en territorio americano, como las de Chuquisaca en Bolivia o la de Córdoba en Argentina, seguían el mismo tipo de enseñanza, de base profundamente romanista.

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Placa conmemorativa en uno de los claustros de la Universidad de Salamanca, España, donde el General Manuel Belgrano cursó sus estudios.

Durante el siglo XIX, el derecho romano (en su estado puro) vuelve a ser profundamente valorado en Europa. Los juristas franceses, a la orden del nuevo emperador, Napoleón Bonaparte, crearán el nuevo sistema normativo: el Código Civil Francés, antecedente directo de nuestro Código Civil.

Dalmacio Vélez Sarsfield, creador del Código Civil Argentino, fue un consumado romanista. De hecho nuestro Código respira romanismo, no nos debe extrañar encontrar referencias directas al corpus iuris civilis entre sus notas.

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Monumento a Dalmacio Vélez Sársfield en su provincia natal, Cordoba.

Desde la antigua Roma, hasta nuestros días, el derecho romano atravesó un largo proceso de influencias hasta llegar a ser fuente de nuestro derecho nacional y provincial. Es evidente que no lo encontraremos tal cual lo redactaban y pensaban los juristas romanos, sino que  descansa en el espíritu de nuestras normas, condicionadas obviamente por las circunstancias actuales.

La cultura latina vive entre nosotros.

 

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