RIOJANOS, UNA HISTORIA DE ROMANOS (PRIMERA PARTE)

“La incomprensión del presente nace fatalmente de la ignorancia del pasado”.

Se preguntarán: ¿Qué tiene que ver esta frase con el título de esta primera entrada con la que inauguro este blog? Pero más aún, ¿Por qué una historia de romanos para explicar nuestra vida como riojanos?

El estudio de la historia ofrece la magnífica posibilidad de interpretar, mejorar y profundizar nuestros conocimientos, para que así, las nuevas generaciones puedan reescribir – o reinterpretar- los procesos sucedidos en épocas pasadas y como estos nos siguen atravesando a pesar del paso del tiempo.

Volviendo a nuestras preguntas, e intentando esbozar una respuesta,  les propongo que por un momento observemos con mucha atención el mundo que nos rodea, pensemos en el origen de las instituciones que hoy nos regulan, pero quizás más simple aún, pensemos en nuestras formas de vida: nuestro lenguaje, nuestras casas, nuestras ciudades.

Una vez realizado este ejercicio, estaremos en condiciones de afirmar que quizás somos más deudores de Roma de lo que nos imaginamos.

Es que no podemos abordar nuestra concepción moderna de ciudadanos sin hacer una referencia directa a Roma.

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Foro Romano

¿Será para tanto?

Ok, veamos:

Desde el siglo VII a.C.,  y fundamentalmente durante los tres primeros siglos de la era cristiana, Roma fue una potencia conquistadora que dominó gran parte del mundo antiguo. Cuando Roma conquistaba un nuevo territorio, romanizaba, es decir, convertía a los pueblos conquistados en “romanos”, o al menos transfería determinadas prácticas que terminaban mezclándose con las existentes, provocando una nueva identidad, una identidad “más romana”.

Seguramente sabrán que nuestra lengua, el castellano, integra el grupo de las llamadas “lenguas romance” y que estas son lenguas derivadas del latín. Ahora profundicemos en esta cuestión.

Como dijimos, las lenguas derivadas del latín se conocen como romances, además de lenguas románicas o neolatinas. Bajo esta denominación,  podemos encontrar un grupo de lenguas muy distintas, en el cual tenemos lenguas actuales, como el italiano, francés o castellano,  y otras que ya no se emplean, como el dálmata.

Las lenguas romances comenzaron a formarse a partir del latín vulgar,  variedad de latín que se diferenciaba en muchos aspectos del latín recto de la literatura y el usado por las altas esferas sociales romanas. Es por esto que el léxico que entró en primer lugar fue el básico, muy limitado para la expresión de la literatura o de la ciencia, con pocos adjetivos y sustantivos abstractos.

Posteriormente, según se creaban necesidades de expresar conceptos nuevos y complicados, se iban incorporando nuevas palabras procedentes del latín, que ya no sufrían la lenta transformación de siglos que habían experimentado las primeras palabras derivadas del latín vulgar. Este flujo de entrada no se ha interrumpido; aún entran palabras constantemente procedentes del latín.

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Fragmento de los Cartularios de Valpuesta, manuscritos del siglo XII donde se observa la transición entre el latín vulgar y el romance hispánico.

Muy bien hasta ahora, pero, ¿Cómo llegamos del latín de los romanos a nuestro castellano riojanizado?

Bien, nos remontemos al siglo V d.C.  Roma está viviendo tiempos convulsionados. La misma expansión territorial de la cual estaban muy orgullosos era la misma que los estaba destruyendo. Las fronteras imperiales estaban constantemente asediadas por pueblos que querían ingresar al territorio Romano. Para defenderlas, era necesario contratar una gran cantidad de soldados para controlar esta situación, esto significaba que el estado romano debía gastar muchísimo dinero. Estas presiones (explicadas superficialmente, no es el motivo de esta entrada introducirse en la caída del Imperio Romano) junto a otros factores, llevaron a que en el año 476 d.C. la porción occidental del imperio (donde la ciudad de Roma está ubicada) cayera en manos de estos pueblos  denominados “bárbaros”.

La rica provincia romana de Hispania (actualmente España) no es ajena a esta situación y sus territorios son invadidos por un pueblo conocido como Visigodo.

Cuando los visigodos llegan a Hispania, se encuentran con una ciudad completamente romanizada.

Durante todo el tiempo de dominación visigoda, el lenguaje propio de este pueblo se fue “mezclando” con el latín que allí se hablaba.

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Coronas visigodas – Museo Arqueológico Nacional – Madrid.

En el año 711, los territorios de la España visigoda son invadidos por los musulmanes, quienes entran por el estrecho de Gibraltar y rápidamente se hacen con toda la península, salvo algunos lugares del norte donde los visigodos se refugian, y desde donde, justamente, comenzará el periodo que se conoce en la historia como “la Reconquista Cristiana”.

Desde esta fecha hasta 1492, cuando los reyes Fernando de Aragón e Isabel de Castilla (si, los reyes católicos) derrotan al último rey musulmán en territorio español, el idioma transitará por un largo y rico camino de influencias (En territorio español convivirán cristianos, judíos y musulmanes). El nuestro, el castellano, surgirá en uno de los reinos cristianos más poderosos del medioevo, Castilla.

Nueve meses después de la toma del reino nazarí de Granada por los reyes católicos, casi como un hijo, América aparecía y tomaba un papel fundamental en la vida del viejo continente.

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“La Rendición de Granada” (1882) de Francisco Pradilla y Ortiz (Palacio del Senado – Madrid). Boabdil, ultimo soberano de la dinastía Nazarí, entrega las llaves de la ciudad a los reyes Fernando e Isabel.

Colón desembarcó y con él lo hicieron las armas, las enfermedades, los deseos de conseguir fortuna, pero también los hicieron el cristianismo y el castellano.

Desde 1492 hasta 1591, momento en donde Juan Ramírez de Velazco funda la ciudad de Todos los Santos de la Nueva Rioja, el castellano, que ya carga con todas sus influencias y mixturas, comenzará un nuevo proceso de hibridación cuyo resultado, con el paso del tiempo, será el español de nuestros días.

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“Fundación de La Rioja” (1952) Juan Denysenko. Mural realizado en el presbiterio de la Catedral de La Rioja.

Fantástico, nuestra lengua deriva del latín, pero ¿es suficiente como para pensar que podemos establecer  un vínculo tan estrecho con los romanos?

Tranquilos…esto continúa…

 

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